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Crítica: Sound City (Movie)

Dave Grohl se estrena como director en esta película que documenta la historia de los famosos estudios Sound City desde sus inicios hasta el año 2011 cuando tuvieron que cerrar por problemas económicos.

La historia de los estudios empieza con la compra de una mesa de mezclas Neve, con un valor de 75.000$, una burrada para su época, y nos da un repaso de todos los grandes artistas que han pasado por los estudios y que han grabado con la misma mesa. Fleetwood Mac se formaron en esos estudios, Ratt grabaron discos allí, Tom Petty, Fear, Johnny Cash, Slipknot, el álbum debut de Rage Against The Machine, Nine Inch Nails, Nevermind de Nirvana… son solo algunos de los artistas que han hecho música allí, lugar que todos dicen que es como casa.

Tristemente, con la aparición de Pro Tools y la edición musical digital, cada vez menos gente iba a Sound City y los estudios acabaron por cerrar, pero Dave Grohl compró la mesa de mezclas y la instaló en sus estudios personales (606 Studios), donde quiso darle un último homenaje grabando un disco que saldrá a laventa el próximo marzo en el que participan grandes artistas como Corey Taylor, Foo Fighters, Paul McCartney, Fleetwood Mac y Krist Novoselic.

El disco, titulado Sound City: Real to Reel recoge canciones originals grabadas con la mesa Neve, del cual ya podemos escuchar dos cortes, Cut Me Some Slack, en el que participan los miembros supervivientes de Nirvana junto con Paul McCartney y From Can to Can’t, con la colaboración de Corey Taylor, Rick Nielsen y Scott Reeder.

El documental hace justicia a todos los grandes artistas que han pasado por el estudio y da un repaso de como han ido cambiando las técnicas de grabación y cómo ha evolucionado el rock a lo largo del siglo XX. La película es un homenaje a la música, al rock, donde escuchamos testimonios reales, llenos de emoción y sentimiento de los protagonistas durante la primera parte. En la segunda parte, asistimos a la sesión de grabación del disco que he mencionado antes. Aparecen Josh Homme, Trent Reznor, Weezer, Lars Ulrich… dando su opinión sobre la industria musical y el rock.

Es un documental que vale la pena ver y por el que vale la pena pagar los 10€ que cuesta (la descarga se puede hacer cuantas veces quieras, con una calidad de 720p o 1080p y subtitulado en muchos idiomas, entre los que está el español). Quizá 10€ parece mucho, pero como dicen en la película: Do it for the Rock.

10/10

Crítica: House Of Cards, Season 1

No fue David Fincher, ni Kevin Spacey, ni siquiera Kate Mara, sino la insistencia de un amigo lo que me hizo empezar a ver esta serie. La idea me seducía, una serie protagonizada por un actor de esa talla, dirigida por un grande como Fincher y con un tema tan actual como puede ser la corrupción política y el poder y el dinero.

La serie es un remake de la serie del mismo nombre de los años 90, pero ambientada en USA en lugar de UK. Esta nos cuenta la historia de Frank Underwood (Kevin Spacey), un congresista al que se le ofreció el puesto de Secretario de Estado por asegurar la elección del nuevo presidente de Estados Unidos. Al romper el presidente su propuesta, Frank inicia un intrincado plan para destituir a la mayor parte del gabinete del Presidente como venganza y para así poder gozar él de una posición más privilegiada e influyente dentro del Congreso y de la Casa Blanca.

Para conseguir sus objetivos se ayuda de la joven periodista Zoe Barnes (Kate Mara) a la que le pasa información confidencial sobre lo que se cuece en el congreso, de su mujer Claire (Robin Wright), CEO de una organización sin ánimo de lucro que frecuentemente se ve involucrada en los líos de Frank y de Doug Stamper (Michael Kelly), su jefe de personal y persona de mayor confianza. 

A simple vista parece una serie de política, muy bien grabada, con una fotografía muy cuidada y unos actores geniales (tanto Robin Wright como Kevin Spacey están increíbles en la serie, brindándonos unas de las actuaciones más buenas del año), pero a medida que la vas viendo te vas sumergiendo más en la historia, viendo las relaciones personales entre los protagonistas, que no quedan en segundo plano, sino que tienen tanta o más importancia que las relaciones políticas. La serie se caracteriza por las frecuentes rupturas del cuarto muro, en las que Frank se dirige directamente al espectador expresando su opinión, viendo lo que realmente piensa y lo que dice.

Frank Underwood se trata de un antihéroe con el que simpatizas porque han roto las promesas que le hicieron, pero a medida que avanza la serie vas cogiéndole rabia ya que se trata de una persona egoísta, que antepone su felicidad personal y sus logros por delante de la gente a la que supuestamente quiere. Lo ves jugar con las vidas de Peter Russo (Corey Stoll), con la de Zoe, con la de Robin… todo por conseguir lo que se ha propuesto.

El principal problema de la serie, igual que en otras como Hannibal, es que muchos capítulos se hacen un poco largos, haciendo que a veces lleguen incluso a parecer aburridos, y también que el tema que trata es muy específico, por lo que necesitas algún que otro conocimiento de como funciona la política americana (yo me he llegado a perder con los nombres de los puestos, y aún ahora no tengo muy claro quién está por encima de quién). Es una serie que a quien le guste el género le va a encantar, pero a quién no le va a costar seguirla y quizá no la disfrute tanto como puede llegar a disfrutarse.

Quiero destacar la bonita metáfora que es el nombre de la serie. Un castillo de cartas necesita de mucha precisión, ya que si una simple carta falla y cae, todo a su alrededor se desmorona. Esto es lo que pasa con el plan de Frank, si algo falla, todo cae, y el está justo encima de todo.

8.8/10

PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LOS MÓVILES CON CÁMARA DE VÍDEO

Desde que en 1997 Philippe Kahn inventase el teléfono con cámara de vídeo, este se ha ido desarrollando, sufriendo tantos cambios en tan poco tiempo que su evolución solo es comparable a la de los ordenadores portátiles. El teléfono ha dejado de ser una herramienta solo usada para hablar y mandar mensajes y se ha convertido en un aparato imprescindible para la sociedad actual, y eso se debe, en gran parte al desarrollo de la cámara en el teléfono.

Samsung SCH-V200, Sharp J-SH04 e inicios

El primer teléfono con cámara que fue comercializado en el mundo fue el Samsung SCH-V200, que no puede considerarse un teléfono con cámara per se, ya que los dos dispositivos independientes montados en el mismo cuerpo. Este teléfono tenía una cámara de 0.35 megapíxeles y permitía sacar unas 20 fotos, solo accesibles desde el ordenador pero visibles desde el mismo dispositivo. Pocos meses después, la compañía japonesa Sharp sacó a la venta exclusivamente en Japón el J-SH04, considerado por mucha gente como el primer teléfono con cámara de la historia con una cámara de 0.11 megapíxeles. La principal diferencia entre este dispositivo y el Samsung es la capacidad de mandar tus fotos electrónicamente desde el mismo teléfono sin necesidad de pasarlas a tu ordenador.

A pesar de la buena acogida por parte del consumidor japonés, el teléfono móvil con cámara no llegó al mundo occidental hasta el año 2002, precisamente a manos de Sharp con su modelo GX10. Ese mismo año Sprint llevó a Estados Unidos el primer teléfono con cámara no japonés, el Sanyo SCP-5300, un teléfono con cámara que aumentaba su resolución a los 0.3 megapíxeles y que además tenía otras características como un rudimentario flash, un controlador de balance de blancos, zoom digital y varios filtros como blanco y negro, sepia o negativo. Este teléfono tuvo muchísima acogida y a partir de su comercialización en todo el mundo, para finales de 2003 se habían vendido más de 80 millones de unidades.

A partir del año 2002, otras compañías como Nokia, Sony Ericsson o Motorola empezaron a sacar sus propios modelos de teléfonos con cámara, volviéndose todo un fenómeno mundial, hasta el punto en que Canalys aseguró con un estudio que la mitad de los teléfonos vendidos en todo el mundo durante los primeros 9 meses de 2004 tenían cámara incorporada, y dos tercios de los vendidos durante el último trimestre también.

Nokia N90 y grabación de vídeo

La introducción del Nokia N90 al mercado en 2005 fue toda una revolución, ya que a pesar de la existencia de los llamados videófonos, ninguno de los teléfonos con cámara hasta el momento había añadido la opción de grabar vídeos. Este terminal de Nokia además tenía una estética que recordaba a la de una cámara de vídeo, con una pantalla capaz de rotar 270º y fue pionero también en el uso de una óptica Carl Zeiss.

A partir de la introducción de la capacidad de grabar vídeo en las cámaras, estas se centraron más en el número de megapíxeles y en la óptica, sin mejorar mucho las características de grabación, ya que la calidad de los vídeos se mantuvo siempre alrededor de los 30fps. En este momento comienzan a aparecer los llamados smartphones. Estas primeras muestras de los teléfonos actuales se caracterizan por tener más capacidad de memoria que los anteriores además de contar con pantalla táctil. No podemos llamarlos estrictamente smartphones puesto que no tienen acceso completo al correo electrónico, siendo esa una de las principales características de este tipo de teléfonos.

 Smartphones y revolución de las cámaras en los móviles

Unos meses después de la aparición del Nokia N95 en 2007, un teléfono con unos impresionantes 5 megapíxeles y capacidad de grabar vídeos a 30fps, Apple presentó su primer teléfono, el iPhone. Este teléfono evidenciaba que en esa época la cámara no lo era todo, ya que solo contaba con 2 megapíxeles y no podía grabar vídeo, sino que lo importante también era el sistema operativo (SO), el diseño, la ergonomía y la belleza del dispositivo. Este hecho propulsó la salida de los smartphones, teléfonos en su gran parte táctiles con acceso a internet que tenían las mejores características del momento, provocando una gran revolución y cambiando completamente el panorama telefónico de la época.

A raíz de esta revolución, algunas empresas como HTC o LG trataron de ofrecer algo distinto: un teléfono capaz de hacer fotos y grabar en 3D sin necesidad de verlo con gafas, pero no triunfaron, cosa que provocó que la mayoría de las empresas se centrasen en hacer dispositivos más atractivos para aquellos aficionados de la fotografía, desarrollando enormemente la capacidad del teléfono para poder soportar el extra que proporcionaba el hecho de tener una cámara más potente, y por tanto, imágenes de más calidad. La necesidad de mejorar al máximo las fotos y marcar la diferencia con los competidores hizo que se las ópticas mejorasen considerablemente, junto con el alcance del zoom, permitiendo hacer fotos de calidad semi-profesional.

 iPhone 4S y nueva generación de Nokia

La rápida y constante evolución de las cámaras en los móviles llegó a su punto álgido de reconocimiento de fotógrafos profesionales con las declaraciones de la famosa fotógrafa Annie Leibovitz: “El iPhone 4S es la cámara compacta de hoy”. Esto supuso una gran propulsión para la fama del dispositivo de Apple, y a la vez una llamada de atención para la competencia, que en seguida se puso manos a la obra para intentar superar la cámara del iPhone.

La carrera por conseguir la mejor cámara del mercado llevó a que en 2010 más del 81% de los teléfonos móviles del mundo tuviesen cámara. Lejos de dejar de mejorar, nuevos competidores salieron y los avances tecnológicos en procesadores de Texas Instruments en 2009 teorizaron sobre cámaras en móviles de 20 megapíxeles, cifra ya superada en la actualidad por el Nokia Lumia 1020, teléfono con una cámara de nada más ni nada menos que 41 megapíxeles.

La obsesión por hacer cámaras muy buenas en los teléfonos ha llegado al punto de crearse un nuevo concepto llamado teléfono-cámara. Este nuevo dispositivo ha sido inventado por Samsung y se llama Samsung S4 Zoom. No se trata de un teléfono con capacidad de hacer fotos, sino de una cámara compacta con todas las características y prestaciones de un smartphone actual, un zoom óptico de diez aumentos, sensor de 16 megapíxeles y flash de xenón.

 Apps y el teléfono como cámara de vídeo

Una de las revoluciones que trajeron los smartphones fue la posibilidad de instalar y desinstalar aplicaciones o apps en los dispositivos, añadiendo programas o funciones que en principio no tienen. Con el boom fotográfico actual, muchas compañías crearon sus propias aplicaciones para promocionar sus productos, ofreciendo filtros diferentes, encuadres, marcos… para tus fotos como Instagram o Hipstamagic.

El sector del vídeo no se ha quedado atrás en el tema, y muchos programas de edición de vídeo salieron al mercado de las aplicaciones, permitiendo editar los vídeos que grabas desde el mismo dispositivo y mandarlos o compartirlos con las redes sociales instantáneamente. No solo la edición ha hablado en la oferta de apps, sino que aplicaciones como VideOn ofrecen una app con estabilizador de imagen y desde la que puedes elegir la resolución de los vídeos, permitiendo resultados profesionales.

Las nuevas generaciones de realizadores no se han quedado atrás en el tema y han querido explotar nuevas posibilidades grabando vídeos desde su teléfono móvil. Son casos como Olive y Hooked Up. La primera es un proyecto de Patrick Gilles y Hooman Khalili grabado íntegramente con un Nokia N8 al que se le acopló una óptica profesional, mientras que el segundo es un largometraje del exestudiante de la ESCAC Pablo Larcuen, rodado completamente con un iPhone y que ha llegado a la selección del Festival de Sitges de este año.

 ¿Qué nos depara el futuro de las cámaras en los móviles?

La evolución de la telefonía móvil está desatada y la mejoría de todos los aspectos está fuera de dudas, pero ahora mismo lo que más interesa mejorar es la calidad de los sensores, ya que incrementando su capacidad podríamos aumentar considerablemente la calidad de los vídeos grabados, de las fotos, etc.

Otro aspecto interesante a tener en cuenta es la mejora de la velocidad de disparo, que se prevé que pueda incrementarse considerablemente, reduciéndose a su vez el precio que tienen. La edición de las fotos entra en la orden del día, y la inserción de las fotos HDR lo lleva un paso más allá, editando la foto antes de sacarla, mejorando de forma inteligente las características dependiendo de la luz y otros factores.

A pesar de todo esto, si hay algo que queda claro es que la alta calidad de hoy será el estándar del mañana, y dentro de los suficientes años veremos el HDR, los vídeos de 720fps y las cámaras de 41 megapíxeles como ahora vemos los primeros teléfonos.